el ARTE de EXISTIR
En este podcast Jorge Zentner habla de -entre otros temas- autoestima, autoconocimiento, meditación, creatividad, gestión de las emociones, superación de crisis existenciales, práctica espiritual en la vida cotidiana... Responde a consultas de los oyentes y proporciona herramientas que pueden permitir evitar el sufrimiento inútil, mejorar la comunicación, y relacionarse mejor con los demás en la familia, el trabajo, la pareja…
De un modo sencillo y directo, Jorge aborda las eternas preguntas del ser humano: ¿quién soy?, ¿qué sentido tiene la vida?, ¿cómo experimentar la paz interior y el sentimiento de realización?
ALGUNAS SECCIONES DE el ARTE de EXISTIR:
LA CONSULTA
Los oyentes plantean problemáticas vividas en el trabajo, la pareja, la familia, etc. Jorge ofrece respuestas que no sólo son útiles al consultante, y que no pretenden dar “la solución”: enfoca la situación de manera que el o la consultante pueda encontrar vías de superación. Asimismo, proporciona herramientas concretas, prácticas, cuyo uso redunde en una mejor orientación y en un verdadero fortalecimiento interior. Coordinan esta sección Daiana Belbruno y Davi Carneiro.
Envía tu consulta a la dirección de correo: jorgezentner@elartedeexistir.com
LA VISITA
Los generosos invitados a el ARTE de EXISTIR ofrecen el testimonio de recorridos existenciales inspiradores, vividos con pasión. Son la encarnación de existencias auténticas, con sus luces, sombras, altos y bajos, risas y llantos. En esta sección no se muestran “vidas ejemplares”, sino el latido de la vida, en su infinita riqueza y diversidad de tonos y ritmos.
JORGE CHARLA CON DAIANA y DAVI…
Daiana Belbruno y Davi Carneiro entrevistan a Jorge Zentner, con quien comparten la misma sed, la misma pasión por explorar el infinito misterio de la existencia humana.
TU PREGUNTA
La sección más interactiva del podcast: si deseas participar en este ejercicio de autoconocimiento, escríbenos a jorgezentner@elartedeexistir.com. Concertaremos día y hora para encontrarte con Jorge a través de Zoom o Skype. Trae la pregunta más significativa en este momento de tu vida: es a partir de ella que Jorge Zentner te ayudará profundizar en tu búsqueda personal.
INSPIRACIONES
¿Qué te inspira en la vida? ¿Qué te inspira a levantarte de la cama cada mañana, a reír, a trabajar, a relacionarte con el mundo? Carla Marcos presta su voz y Antonio Mazzei su música al libro de Jorge Zentner
Una voz que me habla. Todo es misterio y todo es luz en el universo de las…
INSPIRACIONES
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CODA es la sección que cierra el episodio, con la música de Antonio Mazzei.
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Para información actualizada de las actividades dirigidas por Jorge Zentner (talleres, retiros de meditación, etc.) suscríbete a la Newsletter.
el ARTE de EXISTIR
Higiene mental: cuidar lo que pensamos
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En la presentación del episodio número 48 de el ARTE de EXISTIR Jorge Zentner se refiere a necesidad de dedicar tiempo a nuestra higiene mental.
“La práctica de meditación -nos recuerda Jorge- es un elemento clave de la higiene mental. A veces, sin darnos cuenta, vivimos quejándonos, lamentándonos, culpando a otros o auto inculpándonos, auto justificándonos… Así, nos generamos estrés, angustia, ansiedad, miedo”.
Luego, en “La Consulta”, Jorge responde preguntas enviadas por oyentes del podcast.
1. ¿Todos sabemos ya lo que es perdonar, o necesitamos aprender a perdonar? ¿Hay que perdonar todo, o hay cosas que NO se perdonan? ¿Se puede perdonar una infidelidad, por ejemplo, una traición?
2. Aún soy joven y vivo con mi familia, que es muy religiosa. Me obligan a ir a la iglesia, a rezar antes de la cena, etc. Yo no soy creyente. ¿Debo decirle a mi familia que soy ateo? ¿Cómo puedo afrontar esta situación?
3. ¿Puede ser permanente el estado de iluminación? ¿Un ser iluminado puede volverse menos iluminado, más iluminado o incluso no iluminado? ¿Existen grados de iluminación?
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Transcripciones de LA CONSULTA y de otras secciones del podcast
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Youtube: www.youtube.com/elARTEdeEXISTIR
Participan en la realización de este podcast:
Mesa de redacción: Davi Carneiro
Música y edición de sonido: Antonio Mazzei
Imágenes y grafismo: Mariona Cabassa
Locución: Nujavi Ramirez / Manu Fullola
Producción y coordinación general: Bruno Gargiulo
Dirección y presentación: Jorge Zentner
Bienvenida, bienvenido a El Arte de Existir, el podcast de Jorge Zentner.
SPEAKER_02¿Cómo hacer de nuestra existencia un arte? Soy Jorge Zentner. Gracias por acompañarme en el episodio número 48 de El Arte de Existir. A lo largo del día dedicamos tiempo al descanso, a comer, a ducharnos, En general, intentamos alimentarnos con productos saludables y es posible que realicemos ejercicios o practiquemos un deporte. En suma, empleamos tiempo y energía para mantener una cierta higiene corporal. Sin embargo, no siempre recordamos que también nuestra mente necesita atención, cuidados y, en otras palabras, higiene. Olvidamos que, en última instancia, quien determina la calidad de nuestra experiencia es precisamente el estado de nuestra mente. Olvidamos que nuestra mente es la interfase entre cada uno de nosotros y el mundo. La práctica de meditación es un elemento clave de la higiene mental. Y lo es porque en esencia meditar es observar la mente. Observar la mente para así reconocer el tipo de pensamiento que estamos nutriendo y haciendo crecer a lo largo del día. ¿Cuáles son los contenidos mentales que cultivamos? El maestro Zen Thich Nhat Hanh siempre hablaba de cultivar las buenas semillas. Algunas de esas buenas semillas son los llamados pensamientos correctos, aquellos que están inspirados por el amor, la compasión, la bondad, la consideración del otro, la consideración de sí mismo. Los pensamientos son portadores de una carga energética muy importante. El impacto de esa energía en nuestro organismo y en nuestro ánimo es inmediato y poderoso. Cuando practicamos meditación y profundizamos honradamente en la práctica, habituamos a nuestro organismo a hacer una pausa. Nos acostumbramos a volcar hacia el interior una mirada amorosa para observar el estado de la mente. Poco a poco vamos aprendiendo a reconocer, vamos dándonos cuenta de que a lo largo del día, en nuestra vida cotidiana, de instante en instante, nos estamos diciendo cosas. Esto que nos decimos pinta con un cierto tono nuestra manera de estar en el mundo. A veces, sin darnos cuenta, lo que nos decimos es del orden de la queja. Otras veces es del orden del lamento. Otras veces es del orden de la acusación. Otras veces es del orden de la autoinculpación. Otras veces es del orden de la autojustificación. Si observamos nuestra mente, si le dedicamos un tiempo de atención sin juicio, cada uno de nosotros podrá tomar conciencia de cómo está coloreando su experiencia, cómo está determinando el tipo de energía que reina en su interior. En otras palabras, cada uno de nosotros podrá darse cuenta de qué tipo de semilla está sembrando, nutriendo y cultivando. No tenemos poder alguno sobre las cosas que ocurren, pero podemos observar lo que nos decimos ante las cosas que ocurren. ¿Con qué narrativa interna recibimos los acontecimientos que nos trae la vida? Haciéndonos ese tipo de pregunta, tomaremos conciencia de cómo nos generamos el estrés, las angustias, las ansiedades, cómo alimentamos nuestros miedos y nuestros conflictos. Veremos que no es tanto por lo que ocurre, sino por lo que nos decimos, momento a momento, acerca de lo que ocurre, por la historia que nos contamos. Luego podremos preguntarnos, ¿para qué me digo esto que me daña, pudiendo decirme otra cosa? Descubriremos que en cada uno de nosotros resuenan voces que buscan confirmar creencias limitantes, que buscan confirmar el victimismo, la culpa, la injusticia, el rechazo, el abandono, la traición, la incomprensión. ¿Para qué? ¿Para qué esas partes de nosotros mismos buscan generar sentimientos que nos hacen sufrir pues simplemente para pedir amor y confirmar que el mundo no se lo da para pedir atención y confirmar que el mundo no se la da para pedir la compañía de una presencia de amor incondicional y confirmar que el mundo no se la da La meditación es una práctica de la presencia de amor incondicional. Nos entrenamos en estar presentes aceptando lo que la vida nos trae. Nos entrenamos en la observación amorosa de la mente. Nos entrenamos en cultivar las buenas semillas. ¿A qué tipo de pensamientos estoy dirigiendo mi atención? ¿Qué tipo de pensamiento estoy nutriendo y fortaleciendo? ¿Qué me digo aquí y ahora? ¿Estoy plantando en mí momento a momento semillas de gratitud o semillas de queja? ¿Estoy plantando semillas de compasión o semillas de odio? ¿Estoy ofreciendo una presencia de amor incondicional condicional a esa parte de mí que sufre o estoy volviendo a traicionarla, a abandonarla, a ignorarla? ¿Me estoy ocupando de la higiene de mi mente? Si al sentarnos a meditar tomamos conciencia de nuestra respiración, evitaremos que nuestra atención se oriente hacia procesos mentales que no tienen relación directa con nuestro cuerpo, es decir, con el presente. Cabe que observemos la respiración como un fenómeno que tiene lugar en todos los seres vivos, no como algo personal. No es mi respiración, es la respiración. Así, durante un momento, descansamos de aquello que tenga que ver con yo, mí o mío. Descansamos de aquello a lo que solemos estar tan identificados y apegados. Así también nos permitimos reconocernos exclusivamente en una conciencia despierta. pero no identificada con algo individual, separado, que posee una historia, una biografía y unas condiciones particulares. Nos permitimos reconocernos en una conciencia despierta y sin límites de tiempo o espacio. En esta conciencia despierta, quieta, abierta, silenciosa, Aparecen fenómenos pasajeros, fugaces, como las sensaciones corporales, los pensamientos, las emociones, los deseos, las fantasías. Dejamos pasar todo lo que aparece. No hay ningún fenómeno que tenga en sí mismo más importancia que otro. No juzgamos, no rechazamos, no aferramos. Imaginemos que, por ejemplo, lo que aparece en nuestra conciencia es un dolor físico, o una inquietud que nos impulsa a movernos. Simplemente vamos a observar eso que aparece, vamos a darle atención respetando su movimiento, su fugacidad. Entonces, podremos observar cuánta paz y cuánto silencio hay alrededor de esos fenómenos pasajeros. No negamos los fenómenos, no los ignoramos, pero tampoco ignoramos el espacio donde ellos aparecen, el fondo que les permite constituirse en figura. De instante en instante los fenómenos se suceden, varían, se esfuman, se desvanecen en ese espacio que no cambia, que no actúa sobre ellos, que deja que las cosas sean. Si observamos bien, veremos que ese sucederse de los fenómenos conforma una especie de danza, una coreografía que se genera en cada instante. un juego de imágenes, de pensamientos, de sensaciones, de recuerdos, de fantasías. Nada de todo eso tiene una esencia que se consolide. Todo es evanescente. Nada adopta una forma fija y constante. Lo que llamamos yo, o mi vida, o lo mío, es un continuo fluir, Es una continua transformación, un aparecer y desaparecer sin freno. Para que esa cadena infinita de transformaciones y cambios tenga lugar en nosotros, necesitamos ser una conciencia encarnada en un cuerpo. Necesitamos tener una existencia aquí y ahora. Normalmente vivimos tomando ese flujo de evanescencia al que llamamos yo, mi vida, lo mío, como algo real, concreto y sólido. En India se le ha llamado la danza de maya, la danza de la ilusión. Durante la meditación presenciamos con ecuanimidad la danza de los fenómenos que aparecen y desaparecen, sin identificarnos con nada, permitiéndonos durante un momento encarnar una conciencia abierta despierta, silenciosa, infinita, sin definiciones limitantes, sin constreñirnos a las limitaciones de un yo, mí o mío. Nos damos cuenta, entonces, de que todo lo referido al yo, mí, mío es un fenómeno fugaz más, es un elemento más de la danza. y vemos que tampoco tiene una esencia, una realidad en sí. Podemos observar a ese yo que tiene sus particularidades, su carácter, sus heridas. Podemos observar su sufrimiento y, por ello, podemos observarlo con afecto, con compasión, con simpatía. Ese yo es el vehículo que nos permite transitar la existencia en este mundo. En vez de durar milésimas de segundo como otros fenómenos que pasan por nuestra conciencia, ese yo dura años, tiene un tránsito, una evolución, como volutas de humo que luego se desintegran y se pierden en el espacio. Si observamos con atención, veremos que cada noche, cuando nos dormimos profundamente, esa figura llamada yo se apaga, desaparece. Y cuando despertamos la volvemos a percibir la volvemos a encarnar en su evolución volvemos a darle densidad volvemos a creer en su realidad como si tuviera algo de concreto y estable en su centro en su núcleo. Cada noche el yo se desvanece, cada mañana vuelve a surgir y eso nos da la ilusión de continuidad. La práctica de meditación nos permite observar plenamente despiertos, plenamente conscientes, ese desvanecimiento. Nos permite reconocer lo ilusorio de ese personaje, de esa figura con la que nos identificamos. Gracias a la meditación podemos comprender también la extrema necesidad que tenemos, en tanto que humano, de identificarnos con esa figura, la extrema necesidad de vivir como si fuera real. porque el yo, el llamado ego, es el vehículo que nos permite atravesar la existencia, cumplir con la experiencia de ser humanos vivos. Es gracias a esa especie de holograma mental que podemos acoger la gracia de experimentar el amor, el nacimiento, las pérdidas, los encuentros, las alegrías, los abandonos, las traiciones, las injusticias en fin, la sin límites abundancia de la vida. Cuando profundizamos en nuestra práctica meditativa llega un momento en que es como si nos pusiéramos frente a un espejo y comprobáramos que en el espejo no aparece nada. El vacío de la mente se refleja en el vacío de la conciencia. En el espejo no aparece ninguna imagen en la que podamos reconocernos, nada con lo que podamos identificarnos. De pronto descubrimos que en el espejo no hay rastros del tiempo. Descubrimos que todo es ahora. Descubrimos también que el pasado y el futuro están contenidos en el presente, en el eterno ahora. En ese espejo vacío reina el silencio. No hay narrativas. Y porque no hay narrativas, no hay personaje. Solo experimentamos una presencia prístina, transparente, pura luz. Porque no hay personaje, no hay deseo, no hay carencia. En el silencioso vacío reina la plenitud. Porque no hay deseo, no hay búsqueda, no hay inquietud, no hay miedo. Reina la paz. Porque no hay tiempo, no hay movimiento. Reina la quietud. Porque en el espejo no hay ningún reflejo, no hay sujeto y objeto. Todo es uno. Paz, plenitud, silencio, quietud, presencia. Son todos indicadores del encuentro con quien de verdad somos. con nuestra auténtica naturaleza. Para entrar en contacto con ella, basta recordar quién somos. Yo soy. Basta recordar que somos esa presencia quieta, pura paz y plenitud, sin narrativas, puro amor. Para atravesar todas las pruebas a las que nos somete el existir, el humano que somos necesita a su lado esa presencia. Existir es un privilegio que hemos recibido. Nos es ofrecida la experiencia de nacer, de pertenecer, de perder, de morir. Nos es ofrecida la experiencia de traicionar, de ser traicionados, de mentir, de creer o no creer. Nos es ofrecida la experiencia de recordar, de olvidar, de cuidar, de dañar. Para recorrer ese camino de la experiencia necesitamos a nuestro lado esa presencia amorosa. Para atravesar la experiencia necesitamos la compañía y la guía de esa presencia que el espejo no capta. Recordar quien de verdad somos es recordar que, en cierto modo, somos el padre y somos la madre de quien se refleja en el espejo. Recordarnos implica brindarle a ese personaje que tiene una imagen, que tiene una historia, que experimenta emociones, nuestra presencia de amor incondicional.
SPEAKER_00Y ahora, Jorge te abre su espacio de consultor existencial. En la consulta, te propone mapas y caminos posibles para evitar el sufrimiento inútil en tu diario vivir. Escribe a la consulta. Comparte con generosidad tus dudas, que son las dudas de todos.
SPEAKER_01Tenemos una pregunta de Javier, 52 años, de Barcelona. Desde que tengo memoria, me atraen mucho las citas o frases que he escuchado en clase o leído en un libro. Menciono esto porque creo que todos necesitamos una frase de aliento, de apoyo de vez en cuando. La frase que me gustaría compartir contigo es la siguiente. No hay errores en la vida, solo lecciones. No existen las experiencias negativas, sino ocasiones para aprender y avanzar en el camino del propio desarrollo. A partir de esta frase, Jorge me gustaría hacer algunas preguntas acerca del perdón. Todos sabemos ya lo que es perdonar o necesitamos aprender a perdonar. Hay que perdonar todo o hay cosas que no se perdonan. ¿Se puede perdonar una infidelidad, por ejemplo, una traición?
SPEAKER_02Podemos tener la habitación llena de pósters y de frases y de pegatinas con frases que nos orientan en la vida y luego nos confrontamos a la vida. Y allí nos encontramos con que tenemos que dar una respuesta personal y que no siempre desde nuestro interior coincidimos con las frases que tanto nos gustan que hemos pegado en la pared, porque tenemos que asumir una responsabilidad vital existencial. ¿Qué quiero decir con esto? Que no siempre lo que a mí me gusta escuchar y con lo que me gustaría identificarme, es decir, una persona de conciencia muy amplia, una persona muy conectado con el corazón, en el momento de actuar resulta que no encuentro en mí a esa persona. y me encuentro entonces en un problema, en una crisis. Lo otro es referido al perdón, que es el ejemplo concreto de lo que estoy diciendo. Aquí hay un gran equívoco, porque se piensa, y en este caso Javier creo que está en ese pequeño error, de que el perdón... es algo que se le debe ofrecer al otro. Es decir, que una persona me traiciona, por ejemplo, y yo tengo que hacer un gran esfuerzo para perdonarlo, para borrar ese acto de traición. Yo no creo que esto funcione así. El perdón es una, en última instancia, una energía. Una energía que trae paz. Una energía que borra el conflicto, que lo trasciende. Podríamos decir que no es una energía que viene de mi disquisición mental y analítica, sino que viene de mi corazón. o no viene. Cuando él hace la pregunta de si es posible o si hay que, como si fuera un deber, hay que perdonar una traición, es posible, se debe perdonar una traición, está haciendo una evaluación de los motivos a favor de perdonar y de los motivos en contra de perdonar. Es decir, que está todavía en el plano de la dualidad. Y desde allí encuentra un conflicto, porque hay una parte de él que quiere, que desea o que piensa que es correcto perdonar, que toca perdonar, y hay otra parte de él que siente que aquello no merece el perdón. Cuando digo que hay un pequeño error de perspectiva, es porque está creyendo que la persona que ha sido traicionada debe perdonar al traidor. No. El perdón es algo que el traidor tiene que ofrecerse a sí mismo. Porque si se siente con culpa, necesita borrar la culpa. Y la otra persona no tiene el poder de borrar la culpa en el traidor. Porque es algo, la culpa, que está experimentando el traidor. Y si él no hace un proceso de perdonarse, por mucho que el otro le diga te perdono, no le va a alcanzar para borrar lo que siente. tiene que salir de sí mismo, que es desde donde salió también la energía de la traición. Porque el error parte de considerar que el traidor traiciona al traicionado. No. Si alguien traiciona a otra persona, está... yendo más allá de un acuerdo de fidelidad que había entre ambos. Está transgrediendo un acuerdo de fidelidad. Y por lo tanto, lo tiene que resolver delante de su propia conciencia. La conciencia del otro no le puede ayudar a resolver el asunto, porque él se ha traicionado. Parece que traicionó al otro. Pero primero se ha traicionado. Y es esa culpa, si la siente, que tendrá que perdonarse. Y tú me dirás, ¿pero qué pasa entonces con el traicionado? El traicionado no transgredió ningún acuerdo. El traicionado prometió una fidelidad... y la mantiene. Por lo tanto, ¿qué siente el traicionado? Porque el traicionado no fue engañado. El traicionado se encuentra que esa persona en la que había confiado, puede ser en una pareja, puede ser un socio en un trabajo, puede ser un vecino, puede ser un amigo, hay un pacto, hay un acuerdo explícito o tácito entre esas dos personas y una de esas dos personas transgrede, traiciona, el otro no. ¿Qué siente el que ha sido traicionado? El que ha sido traicionado siente una decepción, siente pena, Se siente triste. ¿Por qué? Porque él había hecho confianza en otra persona y se da cuenta de que la confianza que él había hecho en esa persona fue un error. ¿Y por qué se siente mal? ¿Qué es lo que realmente está viviendo? piensa que la confianza era en la otra persona. Pero cuando nosotros hacemos un acuerdo con alguien, Lo hacemos ante nuestra propia conciencia. Con quien tiene que resolver el asunto, el traicionado, el supuesto traicionado, es con su propia conciencia. Porque él está dudando de sí mismo, no está dudando del otro. En este caso puede estar dudando de su capacidad para saber elegir sus relaciones. Pero es que él no puede garantizar que el otro lo vaya a traicionar o no, que el otro transgreda el acuerdo o no. Cuando hablamos de la traición, hablamos de confianza. Y la confianza no puede ser en el otro. Se trata de confiar, de vivir con fe, vivir arraigado en la vida. Vivir sabiendo que si la persona con la que yo he pasado un acuerdo, traiciona los límites del acuerdo yo no me muero el problema lo tiene él el problema lo tiene la persona ante su propia conciencia yo estoy en paz con mi propia conciencia yo no he pasado los límites del acuerdo en todo caso si me siento mal es porque no termino de confiar en mí Me parece que el otro ha traicionado mi confianza, pero mi confianza es en mí. El otro no tiene el poder de traicionar mi confianza, porque es algo mío. Por lo tanto, si yo sigo confiando en mí, la traición del otro no tiene ningún efecto sobre mí. Es un problema de él. Él tenía un acuerdo, él tenía unos límites, él tenía unas promesas y las ha transgredido. Pues que se apañe con su conciencia. Ahora, si yo me siento mal porque dudo de mí mismo, dudo de mi confianza, entonces tal vez tendré que perdonarme. Y ahí otra vez el perdón será algo que yo tengo que brindarme a mí mismo, ir a buscar en mi corazón esa energía que más allá de cualquier error, más allá de cualquier fallo, sigo confiando en mí. ¿Qué significa perdonarme? Significa en cierto modo reconocer también mi imperfección, mi condición humana. Por supuesto que metemos la pata todo el tiempo. Por supuesto que no somos impecables. Por supuesto que somos imperfectos. Y esto lo veremos a lo largo del día muchas veces. Y esta imperfección puede ser consciente y puede ser inconsciente. Y puede ser simplemente porque la vida produce desgaste, porque la vida produce estrés. Hay mil razones por por las cuales nosotros nos daremos cuenta a lo largo del día de que somos imperfectos, nos olvidamos cosas, hacemos mal otras cosas, perdemos cosas, rompemos cosas, a veces herimos a otra persona sin darnos cuenta, sin voluntad, simplemente porque somos seres humanos. Y entonces, cuando tomamos conciencia de ese error o de esa metida de pata o de esa conducta inapropiada todo lo cual viene a nuestra conciencia gracias al sentimiento de culpa la emoción de la culpa es la que me permite revisar lo que vivo y ver si he herido a alguien o tal vez no he estado todo lo justo que hubiese podido estar. Entonces, gracias a la culpa, puedo revisar mi actitud, puedo tratar de restañar una herida si la he provocado. Pero sobre todo puedo aprender. La próxima vez estaré más atento, lo haré de otro modo, reflexionaré más, respiraré antes de contestar. Gracias a la culpa yo puedo llegar a ese lugar en el que digo, bueno, lo he entendido, he aprendido y me perdono. Allí sí me perdono. Por lo tanto, me parece muy importante que veamos que el perdón como la culpa, como la vergüenza, son energías que experimentamos nosotros y que el punto causal de lo que vivimos internamente está siempre en nuestro interior. El otro pudo haber transgredido un acuerdo, ¿Qué me digo yo acerca de eso? ¿Qué hago yo con eso? Porque de lo que yo me diga, de lo que yo haga con eso, se va a derivar mi experiencia interior, lo que yo voy a experimentar, lo que yo voy a sentir. Si yo estoy todo el tiempo dándole el poder al otro sobre lo que yo siento, me estoy todo el tiempo regalando, entre comillas, el lugar de la víctima. Y voy a siempre depender de cómo el otro hace para ver lo que yo siento. Y esa es una buena manera de evitar de ejercer mi libertad interior. ¿Qué pasa? Que si elijo este lugar de víctima, en la que todo lo que siento es fruto de lo que el otro dice, de lo que el otro hace, de lo que el otro no dice o lo que el otro no hace, en algún momento estaré poniéndome en el lugar del culpable. Porque evidentemente, si yo pienso que tú tienes el poder de hacerme sentir X o Y, voy a creer que yo tengo el poder de hacerte sentir X u Y. Es como una especie de fantasía de omnipotencia por un lado y de fantasía de impotencia por el otro. Y entonces nos estamos siempre situando en un lugar extremo en el que lo puedo todo o no puedo nada. Rara vez vamos por el camino del medio, que sería el camino de la responsabilidad. Pero queremos evitar asumir la responsabilidad de lo que experimentamos. Preferimos la comodidad de ser víctimas o de ser culpables. Y luego, si somos víctimas, no podemos hacer nada. Y si somos culpables, tenemos que pedirle al otro que nos perdone, porque claro, yo tampoco tengo el poder de darme el perdón, es decir, de borrar todo lo que he hecho mal y encontrar la paz interior. Otra vez, mi paz interior dependerá de que el otro me la dé. Y esto es una... Pescadilla que se muerde la cola y si no estamos muy atentos es muy fácil caer en todo un sistema proyectivo por el cual siempre veo que todo viene de fuera. Y no es que afuera no ocurran cosas. Y tanto que ocurren cosas, y ocurren cosas graves. Y no es que haya personas que no nos agredan. No es que no haya situaciones que no sean violentas. Por supuesto, no estoy negando eso. Todo eso existe. ¿Pero qué hago yo con eso? Porque muchas veces las situaciones externas o las cosas que hace el otro son relativamente nimias, son casi insignificantes. Pero yo me pongo en una situación que las vuelve trascendentes y las vuelve gravísimas. Y sufro en consecuencia. Y estoy de crisis en crisis y de conflicto en conflicto. Yo aprovecharía para sugerir a Javier y a los oyentes que estén interesados en que busquen un pequeño librito que se llama Los doce pasos del perdón. Esto lo escribió un señor que se llama Paul Ferrini, un americano de origen italiano. Es un pequeño libro donde explica muy bien toda la dinámica del perdón.
SPEAKER_01Tenemos otra pregunta, Jorge, de un oyente que ha preferido mantenerse anónimo. Soy ateo y me interesa mucho el tema del autoconocimiento. No creo en la existencia de Dios y no me siento confortable con las religiones que he conocido hasta ahora. Aún soy joven y vivo con mi familia que está formada por personas educadas en el universo religioso. Me obligan a ir a la iglesia, a rezar ante la cena y cosas del tipo. Todavía no me he animado a decir abiertamente a mi familia que no soy creyente como ellos. ¿Piensas Jorge que debo decirles a mi familia que soy ateo? ¿Cómo puedo afrontar esta situación?
SPEAKER_02No sabemos qué edad tiene esta persona, lamentablemente. porque no es lo mismo lo que podemos hablar con un adolescente que con un niño que con un adulto. Si esta persona fuera religiosa, si fuera creyente, en su fe encontraría la respuesta a este tipo de problemática. Como no es creyente, es en este contexto de la no creencia en un ser superior o en un dios o lo que sea, donde tiene que ir a buscar su orientación. Naturalmente yo no le voy a decir lo que tiene que hacer ni cómo hacerlo, porque en primer lugar no serviría de nada. Los consejos de cómo ir por la vida no sirven. Se pueden oír, se pueden rebatir, pero finalmente el individuo se tiene que equivocar solo y se tiene que orientar en base a pruebas y errores. Porque estamos hablando de la existencia, estamos hablando de vivir experiencias. Y vivir experiencias significa ir adquiriendo conocimiento no teórico, Existir no significa hacer un recorrido impecable. Existir significa atravesar todas las luces y todas las sombras que la vida nos va aportando a medida que pasa el tiempo. Esta pregunta lo que me sugiere es hablar un momento sobre esta idea tan dominante en nuestra época, de la impecabilidad, de lo correcto, de lo que corresponde. Existe en nuestra sociedad la creencia bastante difundida, de que tenemos que ser correctos, de que tenemos que ponernos del lado del bien, y que en lugar de vivir la experiencia y aprender de nuestro recorrido, necesitamos una serie de fórmulas que nos dan la receta, que nos dan la solución. Yo entiendo que esto es fruto de la postmodernidad, es decir, es fruto de la decadencia de las religiones y de la fe en las religiones. Hay una gran cantidad de población que viene de hogares, como la persona que nos ha enviado la pregunta, que se habían guiado por los mandatos de una creencia religiosa. Y de pronto, un miembro de esa familia deja de creer en esas reglas, en ese cuerpo moral, y anda un poco perdido. Era mucho más fácil ir por las vías de lo pautado por la religión. Si tenías una duda, ibas a lo del cura o a lo del rabino o a lo del imán de tu zona y te guiaban. te guiaban de acuerdo a lo que los libros fundadores o la interpretación de esos libros fundadores venía pautando desde siglos. Esto se ha difuminado mucho y esto explica, por un lado, el regreso. de muchos jóvenes, sobre todo, a la búsqueda de certezas, y la búsqueda de certezas lleva al dogma, y por otro lado, se ha desarrollado en nuestra cultura toda una serie de pseudareligiones, le llamaría yo, de incluso una psicologización de la sociedad que viene a suplir de alguna manera la existencia de esos cuerpos dogmáticos preexistentes. Por eso hoy en día hay tanto vídeo dando vuelta sobre neurociencia, sobre gestión emocional, bueno, millones de cosas. De hecho, nuestro propio podcast se llama El Arte de Existir. De algún modo, también en el podcast vamos como exponiendo un enfoque acerca de cómo andar por la vida. ¿De dónde viene esto? Esto viene de esa crisis de los grandes modelos que daban pautas de cómo conducirnos. Concretamente, si nosotros nos referimos a la pregunta de esta o este oyente, hay una respuesta a dar cuando entramos en crisis y no creemos en lo que las otras personas o las otras personas intentan enseñarnos. Y ese camino es el camino de la profundización en la conciencia individual. Si yo no me apoyo en un discurso externo, en una moral aprendida, tengo que ir a buscar la guía en mi interior. En este podcast hablamos una y otra vez de la práctica de meditación. ¿Por qué hablamos tanto de la práctica de meditación? ¿Por qué tenemos un apartado de meditaciones? ¿Por qué hacemos meditación cada día? Porque justamente la meditación, esa práctica de ensimismamiento, de volcar la visión hacia el interior y de ir a buscar en nuestro interior la guía para vivir. La práctica de meditación es una práctica de autoconocimiento. Y autoconocimiento significa también encontrar en nosotros todo ese caudal, todo ese tesoro de conocimiento. No quiere decir ir a conocer, es ir a buscar el conocimiento. Individualmente voy a ir a buscar el conocimiento en la fuente del conocimiento, que es mi propia naturaleza. Hace pocos días estábamos meditando y yo decía que si profundizamos en la práctica, en nuestro interior vamos a encontrar maestros, guías, que aparecerán bajo la forma de voces posiblemente, Y que si nosotros aprendemos a escucharlos, veremos que hay un maestro que nos dice cómo relacionarnos con nuestra familia, cómo relacionarnos en el trabajo, cómo superar los problemas de salud, cómo superar los problemas materiales, cómo ganar dinero. Todo lo que necesitamos para andar por el mundo, es decir, para existir, para atravesar la existencia, está en nuestro interior. Todo ese conocimiento está en nuestra esencia. Por lo tanto, esta persona que nos ha escrito tiene ante sí un extraordinario camino de libertad, es decir, de no seguir todo lo que le enseñan y que limita su recorrido, porque casi que lo condena a solo poder manejarse en una estructura dogmática y en cambio ir a buscar en su interior todo lo que tiene de potencial y que le va a acompañar siempre a lo largo de la vida en cada una de las situaciones. En nuestro interior vamos a encontrar a los maestros, a los guías, Y eso significa profundizar en la conciencia individual. De hecho, si nosotros lo miramos desde esa perspectiva y repasamos un poco los años vividos, veremos que en muchas ocasiones, en nuestro camino, hemos ido encontrando maestros en nuestro interno, que nos han guiado que nos han hecho tomar decisiones y que nos han llevado hasta el presente por lo tanto tenemos que confiar en esa escucha interna yo confío en que esta persona que nos ha escrito aproveche las circunstancias de la vida para cada vez parar un momento llevar la la mirada hacia el interior y prestar oído a lo que sus maestros le van a ir diciendo evidentemente No se trata de encontrar a un señor de barba con un bastón que va por un camino. Estas son figuras legendarias que nos sirven un poco para visualizar el asunto. De lo que se trata es de escucharse, de ir hacia el silencio, de rendirse en el silencio y de ver que de allí sale una sabiduría muy profunda, muy profunda.
SPEAKER_01Nos escribe Ana María, de 42 años, de Madrid. Hace poco he empezado a conocer el budismo y veo que, según el budismo, nada es permanente. Mi pregunta es, ¿puede ser permanente el estado de iluminación? ¿Un ser iluminado puede volverse menos iluminado, más iluminado o incluso no iluminado? ¿Existen grados de iluminación? ¿Cómo ves esto desde la perspectiva del autoconocimiento?
SPEAKER_02Gracias, David. En la misma exposición de la pregunta están todas las respuestas. No es que el budismo opine que todo es impermanente. El budismo constata la impermanencia de los fenómenos. La impermanencia de los fenómenos ha existido siempre y posiblemente el budismo sea fruto de ello. Luego, la pregunta es una tautología, porque si todo es impermanente, todo es en el instante presente. Cuando ella habla de estados de iluminación, que quiere decir un cierto nivel de desarrollo de la conciencia, Pretender que algo dure es pretender ir contra la impermanencia. Por lo tanto, es pretender ir contra cómo son las cosas, cómo son los fenómenos. Si todo es impermanente, un estado no puede existir, porque es como una congelación, como una paralización de las cosas. No es fácil... para alguien que no lleva años de práctica tal vez, captar en profundidad la no dualidad. Cuando hablamos de algo que dura, lo estamos separando de lo que no dura. La conciencia es experimentada por los individuos. Y entonces, como toda experiencia, es impermanente. Yo simplemente la dirigiría a esta persona y a los oyentes, a un libro que ya he mencionado alguna vez en el podcast, de Jack Kornfield, que se llama Después del éxtasis, la colada. Y allí este autor americano, budista y también terapeuta, explica muy bien cómo En su vida, él había leído muchos testimonios de caminos hacia lo que se llama la iluminación o el despertar, pero que no había leído muchos textos acerca de lo que pasaba después. ¿Qué pasaba después de la iluminación? Y entonces él hizo entrevistas con una centena de personas de distintas culturas, de distintas extracciones sociales, distintos países, distintas religiones, que habían vivido eso que se llama la experiencia de la iluminación. para conocer el testimonio del día después, digamos, qué pasa después. Y lo que pasa después es lo mismo que pasa antes. Lo que él pudo constatar es que después de la iluminación había grandes depresiones, había grandes extravíos, había caídas, lo mismo que hay en la vida en general. Como que la iluminación no era una vacuna, que se quedaba actuante en el individuo. Sin duda, la persona que ha comprendido que de eso se trata lo que llamamos iluminación ha tenido un cierto grado de comprensión de las cosas como son y en esto los especialistas si hacen unos mapas extraordinarios de los distintos grados de iluminación se suele llamar samadhi o se puede llamar nirvana o se puede llamar despertar bueno Está muy de moda esto además porque parece que es algo realmente extraordinario. Y no lo es. No lo es. Ni es para algunos elegidos, ni es una cosa que se alcanza cuando uno hace no sé qué prácticas o hace no sé qué ingestión de sustancias. No, no. Esto te puede pasar en la vida cotidiana sin que te des cuenta, simplemente son momentos en los que tienes una comprensión y que te llega una cierta paz interior o te cambia la vida, tomas un nuevo rumbo, etc. Y luego, por supuesto, vuelves a penar con tus historias familiares o de trabajo o sociales o lo que sea. Yo le quitaría mucho hierro a este tema y lo llevaría más a un grado de vida cotidiana. Y bueno, sí. todo es del instante presente cuando nosotros queremos que algo que nos gustó perdure en el tiempo generamos sufrimiento y por lo tanto yo creo que si la persona está realmente consciente iluminada sabe que aquello es la vida misma no es nada extraordinario, sino que simplemente en un momento dado es como que se le ha caído lo que se llama el velo de maya. el velo de la ilusión y entonces es un pequeño despertar del estar dormidos en el que nosotros andamos todo el tiempo en un estado de conciencia alterado y claro la gente por ejemplo toma drogas porque busca estados alterados de conciencia o hace respiraciones especiales o hace ejercicios pero el tema es que lo que llamamos la vida cotidiana es un estado alterado de conciencia nuestro estado habitual es un estado alterado de conciencia la iluminación no es nada más que salir de ese estado alterado de conciencia y volver a la conciencia normal todos los niños están iluminados y no han tomado nada no han hecho nada el problema es que con el la cultura con el desarrollo van perdiendo ese estado de conciencia en la creación de la conciencia individual perdemos el estado de conciencia por el cual todo es uno y entonces entramos en un estado alterado de conciencia y de lo que se trata es simplemente de que a veces en la vida cotidiana caemos en nuestra conciencia natural y a veces lo podemos hacer y conseguir o caer a través de la ingesta de sustancias o de la meditación pero en realidad la iluminación es nuestro estado natural por lo tanto Es una pregunta bastante habitual la que hemos recibido de esta chica. Y yo supongo que si ella ahora está interesada en el budismo, y más que leer sobre budismo, lo practica en alguna de sus infinitas modalidades, ella va a encontrar una respuesta sin duda a todos estos cuestionamientos. muchas gracias por escuchar este podcast tu presencia completa el sentido de nuestro trabajo en el arte de existir un nuevo episodio estará a tu disposición en 15 días si lo deseas tienes la posibilidad de suscribirte a través de Spotify Apple Podcast o la plataforma de tu preferencia te recuerdo que puedes hacernos llegar tus preguntas para la consulta o la sugerencia de temas que consideres de interés al correo electrónico Para mantenerte al día de las actividades que propongo, talleres de grupo, retiros de meditación, charlas, publicaciones, etc., no dudes en suscribirte a nuestra newsletter o seguir las redes sociales que figuran en la descripción de este episodio. Hasta muy pronto. Soy Jorge Sendner. Ojalá que este podcast sea una fuente de inspiración en tu propósito de hacer de tu vida un
SPEAKER_00arte, el arte de existir.